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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons © José Luis Hernández Zurdo NO TE CORTES, PUES NO TENGO TIRITAS Y TE DESANGRARIAS, DEJA TU MENSAJE...

miércoles, 1 de abril de 2009

UNA DE MIS CLASICAS “TORTILLAS” MENTALES SOBRE MI INFANCIA.
Un cuadro es como un hijo al que has creado y dado forma en ellos no irán tus genes pero si una parte de tu personalidad reflejada en cada pincelada ¿a que si? Esta frase dicha desde el cariño y la sensatez por parte de Isabel Gabriel, una Pizarreña convencida (Gracias AMIGA, por tan bellas palabras), es en esta ocasión la entradilla para seguir narrando de manera más o menos elocuente, mis historias, las del José Luis.

Hoy me apetece iniciar esta nueva parte de mis historias personales relacionadas en base a mis inquietudes vivenciales ya sea la “pintura”, la fotografía en todas sus facetas, las manualidades, a veces no suficientemente bien entendidas, o mi inclinación por principios naturales a la defensa del Medio Ambiente como forma profesional, o como condición de vida, asumida en plenitud de sentimiento, ya que forma parte de la lucha por la existencia misma.

Sin ningún género de duda, la pintura fue una parte de mi incipiente formación en el mundo del “ARTE” con mayúsculas, ya que mayúsculo fue el lio en que yo me metí, al intentar desarrollar tan apasionante actividad sin recursos ¡y porque no decirlo!, sin apenas conocimientos, (si es que en algún momento de mi dilatada vida los he tenido, sea dicho esto de paso) ya que como conté en capítulos anteriores, cuando empezaba a “aprender”, algo, va y se me larga a Guadalajara mi “Maestro” en la distancia.

Cosa muy diferente fue la del Medio Ambiente, ya que por aquellos entonces la necesidad obliga ¡y a mí me obligaba mucho!, sobre todo en lo concerniente a la manduca (comer día a día) pero como algo hay que tener yo tenía un abuelo materno, que hacia maravillas con las cosas del campo, parecía un piel roja (tribu apache) ya que encontraba lo inencontrable, como aditamento alimenticio.

Salir al campo con mi abuelo Anastasio, era siempre una autentica clase en vivo de naturaleza, no había cosa de la que no entendiera y a mí me regalaba continuamente la sabiduría suya, adquirida en sus largos años de vida, era natural de un pueblo de la provincia de Ávila, Madrigal de las Altas Torres, nunca me hablaba de su pueblo aunque era de talante abierto se hacía mucho de respetar, era recto pero asequible y siempre dispuesto a aclararte cualquier duda que le expusiera.

Siempre que salíamos al campo me cantaba una canción que yo no entendía mucho y que decía mas o menos así; ahora que… vamos despacio… ahora que… vamos despacio…vamos a contar mentiras…tralara…vamos… a… contar… mentiras…tralara…vamos… a… contar… mentiras…por el Mar… corren… las liebres…por el Mar… corren las liebres…por el monte las sardinas…tralara…por el monte…las sardinas… y seguía con una retahíla imparable.

Yo os decía que no la entendía mucho por aquel entonces, pues aunque no conocía físicamente el Mar, savia por el mismo lo que era y yo me preguntaba ¿Cómo por el Mar van a correr las liebres? ¿Y por el monte las sardinas?, yo por entonces no identificaba, “vamos a contar mentiras” con que esto en sí lo era.

Bueno volviendo a lo de la manduca que me pierdo en los recuerdos, con las cosas de mi abuelo, ¿pero qué queréis? si yo lo quería como si no hubiera mas ser en el mundo a quien querer, el me enseño a distinguir las plantas comestibles de las que no lo eran, al igual que las setas, que él adoraba y yo ¡para que contaros!, sobre todo las de cardo, eran y son verdaderamente exquisitas y sobre todo como las guisaba el jodio puñetero (esto dicho con cariño con mucho cariño).

Al contrario que mi abuelo que me enseñaba como subsistir con las plantas del campo, entre otras muchas cosas, como os decía en anteriores batallitas de mi vida pictórica, mi tío Pepe, me enseño que también que habían otro tipo de alimentos en el campo y que por aquellos entonces, e inclusive en nuestros días, se conseguían muy fácilmente, aunque hoy se realice la actividad que os explicare, con mejores medios, para desgracia de quien iba a formar parte de esa alimentación, yo hoy día, no es que este absolutamente en contra ¡NO! Si no que no comparto los métodos del matar por matar, a los animales.

Matar por matar ¡sí! Ya que muchas de las veces se sale al campo, no en busca de un alimento, en ocasiones imprescindible, al menos por aquellos tiempos, si no por la mera satisfacción de cazar (matar se mire como se mira), pues de eso os estaba ablando en mi párrafo anterior, solíamos ir a cazar, a lo que se llamaba entonces ¡la rivera! Que no era otra que la del río Manzanares en las inmediaciones de la finca de Casa Eulogio, entre los términos municipales. De Getafe, Pueblo de Vallecas y Rivas Vaciamadrid.

Mi tío solía pasar a buscarme por casa de mis abuelos, sobre las 5 de la madrugada, ya que el recorrido que teníamos que realizar era muy largo y había que hacerlo a pie, antes pasábamos a recoger a dos de sus compañeros de cacería, que vivían en lo que se conocía como el pozo del tío Raimundo, que se encontraba en una zona del Puente de Vallecas, en la parte que con el paso del tiempo se conocería como Entrevías.

El pozo de tío Raimundo en realidad no se llamaba por aquel entonces así, se llamo muchos años después, cuándo colonos de otras partes de España, habilitaron sus casas rudimentarias en estos lares por absoluta necesidad, ya que el hambre no perdona y en todas partes de España cocían habas y sobre todo en muchos pueblos Andaluces.

No puedo por más que contar, que el “pozo” en cuestión estaba dentro de la huerta del tío Raimundo y que por cierto, hacia un agua un poco dura pero muy fresca, en el aprovechábamos para abastecernos de agua para beber durante nuestro largo día de caza.

Si tengo que ser sincero, beber agua, lo que se dice beberla, la vivía yo solo, ya que ellos ni la cataban, ya que llevaban sendas botas de vino de las que se abastecían, decían ellos “como forma de alivio” para su sed, en realidad quitarles la sed no creo que se la quitara, ya qué no paraban en ningún momento de echar un trago y de exprimir la bota.

¿Qué queréis que os diga? Que para mí no serian tal vez un buen ejemplo, pero yo me lo pasaba en grande viéndoles al cavo del día, mucho más contestos que cuando llegábamos.

La caza consistía en ir colocando sobre los lomos arados de las huertas de la rivera, las ballestas que llevábamos, a las que colocábamos hormigas de alas, como cebo para atraer a las aves insectívoras, el día anterior mi tío y yo habíamos estado rebuscando en los hormigueros por medio de una piqueta y las hormigas de alas que iban apareciendo, las echábamos en un frasco de cristal con agujeros en la tapa, que era el medio de transporte que utilizábamos hasta el lugar de caza.

Bueno y hasta aquí esta nueva aventura de mis vivencias de retoño, las cuales continuare, ya que en esta quedo sin dar respuesta a unas cuantas historias sin concluir, deseo que al menos os hayan entretenido y como siempre digo, de no ser así, el cometario corre por vuestra cuenta, ya que las gracias a la lectura y los abrazos como de costumbre son gratis, así que quedaros con los que queráis, pero eso sí, no paséis de largo sin dejarme las “tiritas correspondientes.

3 comentarios:

Rosario Alvarez Salamanca dijo...

Gracias Jose Luis, me ha encantado, tienes mucho arte en la forma de decir tus vivencias y a mi mi abuelo de Madrigal de las Altas Torres, si me enseñó los trigales, las avutardas, las alondras y a cogen collejas, unas plantas que nacian la borde de los sembrados que estaban de muerte en tortilla. un abrazo

LUA GOPALA dijo...

hola mi buen amigo pepe!!
gusto en leerte denuevo, me encanta saber de tu vida de infancia, de joven de adulto tambien, me gusta mucho lo que has escrito, me encanta el mar, me encanta el campo, las plantas y los animalitos, y no me gusta eso de matar por matar!!!te dejo lo mejor de mi cariño.
un abrazo y un beso a este tu rezo de vida y amor...
tu siempre amiga Orquidea, en el ya tan famoso pase de lista tuyo!!

LUA

isa dijo...

La libertad ¿Qué es eso? Los pájaros son para muchos símbolos de libertad ¿hasta cuándo?...

Pues parece que estos pobres ya no tienen libertad. Es lastimoso que se mate por matar. Nadie se va a comer estos pobres pajarillos. En fin, aquí se ve la maldad y crueldad del hombre. Los animales carnivororos matan pora sobrevir, pero estos cepos los puso el hombre solo por satisfacer su afan de divertirse, o porque no le comieran algunas semillas. Esto se puede prevenir echando siempre de más en la tierra.

Tienes un blog muy bueno.